Haz de Nomeolvides

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Haz de cuentos infantiles dedicados a mis nietas y nieto, dibujos de Jana, Maia, Mara y Milo. Además poemas y cuentos infantiles de otros autores

sábado, 26 de febrero de 2011

LUNÁTICO Y PIMPA

Había una vez un perro al que llamaban Lunático porque tenía días en los que mordía a todas las personas que acertaban a pasar por la vereda de su casa sin saber que a él le molestaba que pasaran corriendo o caminando delante de sus narices. Además de malo era feo: de pelo largo hirsuto gris oscuro y bigotes duros y para colmo estaba tan flaco que se le notaban todos los huesos porque era tan malo que siempre estaba de mal humor. En el barrio ya lo conocían tanto que todas las mamás o abuelas se cruzaban a la vereda de enfrente para que Lunático no las mordiera.
Todo el barrio firmó quejas y presentó notas para que resolvieran el problema; pero, el dueño del perro malo era quien recibía las quejas y las rompía sin que llegaran a manos de los Jefes. Así que Lunático siguió molestando a toda la gente por mucho tiempo; hasta que, un buen día, apareció en la esquina de enfrente una Señora, que era vecina nueva, quien llevaba sujeta con una correa a una perrita preciosa, de color blanco con manchitas de color té. La perrita estaba recién bañada con champú, perfumada y lucía un enorme moño rosa en la parte superior de su cuello que la hacía más linda todavía. La perrita se llamaba Pimpa y saltaba alrededor de su dueña. Cuando Lunático la vió de inmediato se enamoró –entrecerraba sus ojos y veía un montón de corazoncitos de colores en torno de la perrita- Entonces, el perro malo, trató de acercarse a Pimpa. Y no había caso. Esta lo rechazaba levantando orgullosa su hocico y dándole a entender que él no era para ella.
Tanto lo había tocado el amor a Lunático que comenzó a cambiar. En vez de pasearse de una punta a otra de la casa, se echaba en el pórtico y aunque pasaran chicos o grandes por su vereda no los corría ni gruñía, ni los miraba siquiera. Porque él lo único que esperaba era ver a Pimpa paseando con su dueña por la vereda de enfrente.
Por más que quisiera llamar la atención de la perrita buena, que hacía caso a las instrucciones de su dueña y que en vez de morder a los chicos, jugaba cariñosamente con ellos; ésta le daba vuelta la cara.
¿ Y saben por qué? Pues porque en cuanto llegó al barrio le contaron los vecinos que Lunático corría y peleaba a todos los chicos; que los perseguía y mordía. Pero, además, apestaba. Tenía un olor a malo y sucio que volteaba.
Cuando Lunático se enteró –porque eso sí, su oído era muy fino y escuchaba todas las conversaciones- que Pimpa no lo aceptaba por su mal humor y su aspecto, le pidió a su dueño, dándole mordiscos en sus zapatos y pantalones y gruñéndolo que lo hermoseara.
Así fue como, de pronto, Lunático –por el milagro que hizo el amor-se transformó.
Apareció en su vereda con un aspecto diferente. Su pelo gris oscuro, brillaba con el Sol. Sus bigotes estaban recortados y peinados y sus ojos inquietos miraban para la vereda de enfrente adonde seguramente Pimpa se sorprendería ante tanto cambio.
Lunático, calmo y hermoso, amansado por el amor que sentía por Pimpa, dejaba pasar por su vereda, sin morder, a todos los niños del barrio. Impaciente porque la perrita no llegaba, estaba por echar todo a perder tirándose contra la puerta, cuando la descubrió.
Pimpa venía sonriente, moviendo su cola y haciéndose la interesante. Pero ¿saben? venía en dirección a Lunático, por su vereda y sin cuerda que la sujetara.
Su dueña, viendo el cambio producido en el perro y dándose cuenta que Lunático y Pimpa estaban enamorados, la dejó suelta para que ella decidiera.
Ellos se miraban embobados y se daban besitos de hocico; mientras todos los vecinos, incluso algún niño que antes hubiera salido corriendo para que no lo mordiera el perro malo, festejaban en la vereda con aplausos y sirviéndoles sabrosos platos de comida a los dos.
A partir de ese instante, Pimpa y Lunático tuvieron una cachorrada y paseaban un tiempo por la vereda de la casa de él y otro por la vereda de la casa de ella, sin pelearse nunca.
...Y colorín colorado este cuento se ha terminado...
¡Espero que les haya gustado !
JUANA C. CASCARDO

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INTENCION DE LA AUTORA

La intención al abrir este blog es de mostrar mis cuentos infantiles. Aquellos que fui escribiendo a medida que nacían mis nietas y en los cuales he pretendido expresar mis sentimientos, mi emoción, creando a través del lenguaje literario, una comunicación que preserve del olvido esa etapa maravillosa de la infancia de ellas, la que he compartido desde mi visión de abuela, de mujer de edad madura. Pero, también es ir mostrando lo que otros autores hacen en materia literatura infantil; así como dibujos, fotografías, ilustraciones; todos realizados por niños de diferentes edades, entre los cuales aparecerán los de mis nietas. JUANA C. CASCARDO